
Un equipo del University College London (Reino Unido) diseñó un experimento en el que los participantes debían aprender, ensayo a ensayo, la probabilidad de recibir una pequeña descarga eléctrica. Midieron el estrés con cortisol en saliva, sudoración de la piel y el tamaño de la pupila. El estudio se publicó en 2016 en la revista Nature Communications.
El hallazgo principal: el estrés físico y emocional no dependía tanto de si la descarga iba a doler mucho, sino de cuánta incertidumbre había sobre si iba a ocurrir o no.
No saber qué va a pasar con tu dolor puede generar, por sí solo, más activación del sistema nervioso que el dolor en sí. Por eso entender qué te ocurre — y qué esperar — es una parte activa del alivio, no un detalle secundario.
Fuente: de Berker et al., Nature Communications (2016) — University College London, Reino Unido.

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