
Investigadores de la Universidad de Western Sydney, en Australia, estudiaron a 218 personas con dolor lumbar crónico para entender qué papel juegan el miedo y los pensamientos catastróficos (“esto no va a mejorar nunca”) en la discapacidad que produce el dolor. El estudio se publicó en 2017 en la revista PLoS ONE.
Encontraron que pensar en lo peor sobre el propio dolor predice más discapacidad — y ese efecto era todavía más claro en las personas que ya hacían actividad física con regularidad. Es decir: moverse es bueno, pero si mientras te mueves tu mente sigue interpretando cada sensación como una señal de peligro, el cuerpo por sí solo no resuelve el problema.
La implicación práctica: el ejercicio y el trabajo con el miedo y los pensamientos sobre el dolor van de la mano — uno sin el otro deja el trabajo a medias. Es la razón por la que en el Club Esperanza no separamos “mover el cuerpo” de “entender lo que piensas sobre tu dolor”.
Fuente: Marshall et al., PLoS ONE (2017) — Universidad de Western Sydney, Penrith South, Australia.
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