
Un equipo del Centro de Traumatología BG de Ludwigshafen (Universidad de Heidelberg, Alemania), junto con otros centros de rehabilitación de quemados, siguió a 103 personas adultas que se recuperaban de una quemadura. Midieron su dolor y su picor al ingresar, al recibir el alta y a los 3 y 12 meses. El estudio se publicó el 31 de octubre de 2026 en Archives of Physical Medicine and Rehabilitation.
Un año después, seguían con dolor relevante al moverse el 30 % de las personas, con dolor articular el 35 % y con picor el 51 %; el 14 % tenía dolor en reposo. Las personas que al principio mostraban más síntomas de estrés postraumático (recuerdos intrusos, hipervigilancia, malestar tras el suceso) tenían muchas más probabilidades de tener dolor y picor persistentes, en todos los momentos medidos. Las cifras exactas son imprecisas por el tamaño de la muestra, pero la dirección fue la misma en todas las medidas.
Para quien tiene dolor que no se va, el mensaje es que la herida del cuerpo y la huella emocional del suceso suelen ir juntas, y cuidar ambas puede ser parte de la recuperación. Es un estudio observacional con 103 personas tras quemaduras: muestra una asociación, no demuestra que el estrés postraumático cause el dolor.
Fuente: Klimitz FJ, Neubauer H, Stolle A, et al. «Longitudinal Trajectories and Risk Factors for Post-traumatic Chronic Pain and Pruritus Following Burn Injuries: a Prospective Multicenter Cohort Study». BG Trauma Center Ludwigshafen, Universidad de Heidelberg (Alemania). Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 31-oct-2026. DOI: 10.1016/j.apmr.2026.10.010.

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