
Un equipo de la Universidad de California en San Diego (EE. UU.) estudió a 114 personas con dolor lumbar crónico. Mientras les hacían una resonancia magnética que mide el flujo de sangre del cerebro, les pidieron levantar la pierna estirada, un movimiento que les provocaba su dolor de espalda. El trabajo se publicó el 5 de octubre de 2026 en British Journal of Anaesthesia.
Al levantar la pierna, el dolor subió alrededor de un 23 % y la sensación de molestia, un 26 %. El cerebro respondió con más actividad en zonas del dolor (como el tálamo y la parte que representa la espalda) y también en la «red por defecto», un circuito que se activa cuando pensamos en nosotros mismos. En otros experimentos de dolor, esa red suele apagarse; aquí, en cambio, se «acoplaba» con la zona del cerebro que siente el cuerpo. Cuanto más intenso era el dolor de cada día, más fuerte era esa conexión.
Esto apunta a que los brotes de dolor al moverse no dependen solo de la espalda: el cerebro también participa en amplificarlos. Es un estudio de observación, así que no demuestra qué causa qué, pero ayuda a entender por qué el dolor puede ir más allá de lo que se ve en la zona dañada.
Fuente: Gianola M, Dean J, Chen C et al. «Brain mechanisms supporting movement-evoked chronic low back pain: an observational brain imaging study». Universidad de California en San Diego, La Jolla, EE. UU. British Journal of Anaesthesia, 5 de octubre de 2026. DOI: 10.1016/j.bja.2026.08.010. NCT03354585.

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