
Investigadores de la Universidad de Linköping, la Universidad de Örebro, la Universidad Tecnológica de Luleå y el Instituto Karolinska (Suecia) publicaron el 23 de agosto de 2026 un análisis del Registro Sueco de Calidad del Dolor: 22.771 personas que pasaron por programas interdisciplinares de rehabilitación del dolor entre 2016 y 2023. Hasta ahora casi toda la investigación se había centrado en si estos programas funcionan; esta se centra en cuándo no.
Midieron 18 indicadores —intensidad del dolor, función física, bienestar psicológico, vitalidad— y calcularon cuántas personas empeoraban de forma estadísticamente fiable. La mayoría no empeoró en nada. Pero alrededor del 23 % empeoró de forma clara en al menos un indicador al terminar el programa, y un 44,5 % empeoró levemente en al menos uno. El empeoramiento se concentró en lo físico y en el dolor; lo psicológico aguantó bastante mejor.
Compartimos esto precisamente porque no es una buena noticia. Si hiciste un programa de rehabilitación y saliste peor en algo, no eres un caso raro ni lo hiciste mal: le ocurre a casi una de cada cuatro personas, al menos a corto plazo. Los autores piden justo lo contrario del silencio: identificar antes a quién le puede pasar y entender por qué.
Fuente: Molander, P., Hesser, H. y Rozental, A., «Rates and Patterns of Short-Term Symptom Deterioration in Patients Undergoing Interdisciplinary Pain Rehabilitation». Universidad de Linköping, Universidad de Örebro, Universidad Tecnológica de Luleå e Instituto Karolinska (Suecia). The Journal of Pain, 23 de agosto de 2026. DOI: 10.1016/j.jpain.2026.106423. Nota de rigor: estudio de registro que solo mira el corto plazo; no dice qué ocurre meses después.

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