
Un equipo del Spaulding Neuromodulation Center, del Hospital Spaulding de Rehabilitación (Harvard Medical School, Boston, EE. UU.), publicó el 26 de agosto de 2026 una revisión que reúne decenas de estudios sobre la actividad eléctrica del cerebro (electroencefalograma o EEG) en personas con dolor crónico.
Encontraron que el cerebro de las personas con dolor crónico muestra patrones distintos y repetidos de actividad eléctrica en varias frecuencias. En palabras sencillas: las zonas del cerebro que «aprenden» una señal de alarma se activan de más, mientras que las zonas que deberían regular y frenar esa alarma funcionan de menos. Es, literalmente, un mapa de cómo el cerebro se queda atascado manteniendo el dolor activo aunque el cuerpo ya no tenga ningún daño que lo justifique.
Para vosotras esto es una prueba más de que el dolor crónico tiene una base medible en el cerebro: no es «que os lo imagináis», es que el sistema nervioso ha aprendido un patrón, y lo que se aprende también se puede reprogramar. Nota: es una revisión teórica que integra estudios ya publicados, así que conviene tomarla como un mapa orientativo y no como una prueba diagnóstica definitiva.
Fuente: Camargo L, et al. «Chronic pain and oscillatory neuroplasticity: Review on impaired compensatory network responses in resting-state electroencephalography». Spaulding Rehabilitation Hospital, Harvard Medical School, Boston, EE. UU. Brain Network Disorders, 26-ago-2026. DOI: 10.1016/j.bnd.2026.07.002

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