
En un experimento ya clásico, investigadores del Baylor College of Medicine, en Houston (Estados Unidos), conectaron electrodos a un grupo de voluntarios sanos y les advirtieron de que podrían sentir dolor de cabeza por la «corriente eléctrica» que iban a recibir — aunque en realidad el aparato no emitía ninguna corriente. El estudio se publicó en 1991 en la revista Pain.
La mitad de los participantes reportó dolor de cabeza real. Y cuanto más «intensa» les decían los investigadores que sería la siguiente descarga, más dolor describían sentir — sin que existiera jamás ningún estímulo doloroso real.
La sola expectativa de daño puede generar, en el cerebro, una experiencia de dolor completamente genuina, sin ningún estímulo físico que la provoque.
Fuente: Bayer, Baer y Early, Pain (1991) — Baylor College of Medicine, Houston, Estados Unidos.
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